Felipe y Letizia herederos del trono y, ahora, de un pastizal

martes, 19 de enero de 2010

Juan Ignacio Balada, señor menorquín podrido de dinero y que murió el pasado noviembre ha dado, con su muerte, una alegría a los Príncipes de Asturias, la necesitaran o no. El difunto, Balada, en una decisión que le honra como monárquico, legó toda su fortuna – terrenos e inmuebles de incalculable valor, a los que se les supone un gran valor – a los futuros reyes de España excluyendo de su testamento a sus dos únicas familiares directas, dos primas – nunca mejor dicho – que desde entonces sienten una repentina simpatía por la República.

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